miércoles, 7 de marzo de 2012

Mi gallo es gallina


La lucha generacional por la equidad
Por Xóchitl Gálvez

“¡Mi gallo es gallina!”, y hablando de gallinas, esta semana celebramos el Día Internacional de las Mujeres, que es el 8 de marzo–. Cabe preguntarnos: ¿cuánto habremos avanzado en este tema?, ¿qué tanto los hombres están dispuestos a aceptar nuevos roles para hacer más equitativas las relaciones de pareja?, ¿cuáles son los caminos a transitar para lograr escenarios de igualdad en los ámbitos familiar, laboral y político?…


Sin duda, para mi abuela no hubo opción, ni tiempo tuvo, murió a la edad de 32 años dejando 8 hijos vivos, pero habiendo engendrado a varios más que no se lograron. Cuenta mi madre que enferma ya, y tirada en el petate, mi abuelo le decía ¡ya muérete para que traiga a la otra! Efectivamente, al poco tiempo mi abuela murió y mi abuelo trajo a “la otra”.

Si mi madre cuestionó la validez de los roles femenino y masculino, yo nunca escuché que dijera nada, que se quejara o que maldijera la vida que le tocó vivir a lado de un hombre violento y con graves problemas con su manera de beber. Cuando yo me rebelaba después de una golpiza, le decía: “Mamá vámonos de aquí, deja a mi papá”, y ella me decía: “¡No! Esta vida me toco vivir, aquí nacimos y aquí tenemos que morirnos”.

Yo me atreví a cambiar. Me rebelé a ese futuro espantoso que me esperaba y me fui de mi pueblo huyendo de esa terrible realidad. Sin embargo, todavía pesan sobre mí algunos atavismos del pasado con los que fui educada, los cuales, estoy segura, no se reflejarán en mi hija, ya que me encargué de educarla con otra visión, con el objetivo de convertirla en una mujer plena, libre, independiente y sin temores.


No fue fácil: los hombres de mi pueblo se llenaban la boca diciendo que las mujeres sólo servíamos para el petate y el metate. Afortunadamente yo sólo salí buena para el petate. Las mujeres no teníamos ningún valor, la educación era la sumisión hacia el esposo y el sometimiento a sus órdenes. Algunas estadísticas me hacen pensar que, entrado el siglo XXI, esta realidad no ha cambiado demasiado. Por ejemplo: de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2006, 43 por ciento de las mujeres del país han sido víctimas de violencia, con porcentajes que van de 33.7 por ciento en Coahuila a 54 por ciento en el Estado de México.


Esa realidad que vivimos las mujeres en los hogares no es muy distinta a la que se vive en materia laboral, donde 30 por ciento de las mujeres mayores de 15 años de edad han sufrido algún tipo de discriminación, hostigamiento, acoso o hasta abuso sexual en su trabajo.

Estoy convencida que esos hombres que maltratan a la mujer con la que viven, no actúan de manera diferente cuando son funcionarios públicos. Cómo olvidar las actitudes de misoginia que viví durante mi campaña en Hidalgo. En los círculos de poder se referían a mí como “la pinche vieja”. Cómo permitir que una mujer se atreviera a desafiar al “club de Tobi”. Un ex presidente municipal en la Huasteca le decía a los líderes comunitarios lo siguiente: “muchos de ustedes están casados, y yo creo que no les gustaría que los mandaran las mujeres”. Escuchándolos yo pensaba: “¿Por qué sí han permitido que los mande tanto pendejo, corrupto e inmoral?”. Porque este alcalde huyó por problemas con su cuenta pública, y fue perdonado por el PRI para que regresara a hacer el trabajo sucio. Pero, claro, esa pregunta nunca se la van hacer.


Ahora entiendo por qué en la misma región, una mujer indígena se me acercó para comentarme que ya estaba cansada de las golpizas de su marido, quien además, le quitaba el poco dinero que ganaba lavando ajeno. El hombre usaba ese dinero para emborracharse. Mi primera reacción fue decirle que lo dejara, y ella me dijo: “es que no se va, vive en la casa que me dejó mi mamá”. “Éste sí me salió más chingón”, pensé y le dije a la mujer: “bueno, entonces ve con el Delegado de tu comunidad y pon una queja para que lo encierre”. Su respuesta me dejó helada: “ya fui con el Delgado y me dijo que tengo que aguantarme porque es mi marido”. Sobra decir que me enojé, me puse furiosa: “ve y dile al cabrón del Delgado que digo yo, que él se vaya a vivir con tu marido, y que si aguanta que le pegue y le quite su dinero, tú te regresas”.

Creo firmemente que la mejor alternativa para eliminar la discriminación en que viven millones de mujeres es la consolidación de una visión de género en todos los espacios políticos, económicos y sociales. Es urgente –es necesaria– la visión femenina en el ejercicio del poder. No puede ser que sólo haya una gobernadora en todo el país y sólo cuatro mujeres en el gabinete; que sólo 24 por ciento de los legisladores de la Cámara de Diputados sean mujeres. Necesitamos con urgencia que más mujeres sean presidentas municipales, y representantes. Pero para ello, más que cuotas, se requiere que los hombres entiendan que compartir el poder con las mujeres también los beneficia.


 De eso se tratan las políticas y las acciones de equidad, de que la sociedad y los gobiernos: el Estado compartan la responsabilidad de construir un sistema más incluyente, donde quepan también la visión y las necesidades, las prioridades de las mujeres. Eso significa conocer todos los distintos tipos de problemas que viven diversas mujeres: jóvenes, amas de casa, profesionistas, indígenas, empresarias. Ellas, que han construido, tienen propuestas para que se reconozcan sus derechos y se dé respuesta a sus necesidades.

La equidad es necesaria cuando estamos en una sociedad tan desigual como la mexicana. Equidad significa reconocer las desventajas desproporcionadas de género que padecen algunos sectores de la población, para atenderlas específicamente: con cuotas, a veces; con recursos para programas; con difusión de los derechos, las condiciones de vida y las prioridades de las mujeres en estos sectores…

Para que no haya violencia contra las mujeres; para que las mujeres participen en las decisiones, en el acceso a los recursos y en el ejercicio de poder, para que haya igualdad, se necesita pasar por un proceso de equidad, y reconocer que aunque muchas cosas han cambiado, y las nuevas generaciones de mujeres van teniéndola más fácil que sus madres y sus abuelas, todavía están arraigados prejuicios y creencias que provocan la discriminación y la descalificación de las mujeres.


 Tenemos mucho por hacer todavía. El camino que iniciaron mujeres valientes hace décadas aún es largo, por ello debemos escalar en los ámbitos en los que nuestra presencia ya se hace sentir, para que nuestras hijas se desenvuelvan en ellos con naturalidad.

1 comentario:

  1. Ud Sabe que el gobierno Federal del PAN no desconoce el paradero del crimen organizado, Ud mejor que nadie lo sabe, puesto que lo vivió en carne propia en Hidalgo. ¿que hizo Calderon? *le envió una camioneta*.. en lugar de detener a ese representante del crimen!!! por esa razón disculpe ud, pero me parece una soberana burla mandar una camioneta! en fin; Vazquez Mota Representa la misma derecha de Calderon, es apoyada por la misma gente, además de que propone continuar con la guerra contra el narco igual que El y basicamente continuar en la misma linea.. Entonces porque apoyarla?, Saludos cordiales

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